RELIGIÓN, ATEÍSMO, PODER



Ponencia de Paco Miñarro, Coordinador de la Federación Internacional de Ateos (FIdA), presentada en las II Jornadas sobre Librepensamiento organizadas por la Federación Anarquista Ibérica (FAI) en el Teatro de las Aguas (Madrid), el pasado miércoles 17 de junio.

Habitamos en una situación histórica y económica determinada por el neoliberalismo y por el poder abstracto del capital. Esto ha dado lugar a formas de autoritarismo menos evidentes que en épocas anteriores. Aliado con este nuevo imperio está el neocristianismo, con sus diversas ramas, ficticiamente enfrentado a un creciente fenómeno de islamización en los centros urbanos de Europa y en las sociedades periféricas de Asia y África. Ambos fenómenos ideológicos se basan en la irracionalidad y en la tradición, se retroalimentan mutuamente y mantienen a la humanidad en un ilusorio pulso de "civilizaciones".

La influencia moral que ejercen tiene claras consecuencias sobre la vida de la población, porque finalmente operan en el campo de la actividad política, entendida no como el conjunto de mecanismos y relaciones que favorecen la convivencia entre individuos libres, sino, por el contrario, en tanto que instrumento de control, de sedación y de adoctrinamiento. El complejo religioso, tal como se presenta en sus diversas variantes, requiere para su subsistencia de un modelo social jerárquico, y apela a la "libertad de culto" (o a la hegemonía ideológica) para imponer sus doctrinas y mantener sus privilegios.

Al anclarse en mitologemas, pueden prescindir de mayores explicaciones y seguir interfiriendo en el discurso político, oponiéndose a la racionalidad crítica que debería aplicarse en dicho contexto. Una racionalidad que, por otra parte, sólo puede provenir de una posición vital ajena por completo a cualquier fideísmo.

De manera que, en referencia a nuestro mundo y a nuestra cultura, la exigencia de una moral autónoma es el punto de partida necesario para una transformación radical de las relaciones sociales y para crear un espacio público de libertades reales, superando así el dominio de las ideologías religiosas o mercantiles, que reducen al ser humano a la categoría de siervo productor, de enajenado soporte de la mercancía y de objetivo pasivo de la manipulación y de la propaganda.

Es éste el mejor momento, pensamos, para que el ateísmo abandone un espacio acrítico de "pura opción filosófica" para convertirse en un potente factor de transformación social. El ateísmo contemporáneo implica la "descristianización" y la "desislamización" de las sociedades, el demoler mediante una crítica subversiva, punto por punto, toda esa red de mitologemas que justifican el poder verticalizado, la desigualdad de géneros, la explotación económica o la reducción de la cultura a una simple pieza del intercambio mercantil.

La jerarquía y la autoridad se basan en la aplicación terrenal de modelos celestiales. La religión es así el último bastión de cualquier ideología de la rapiña. Ser ateo, pues, implica un compromiso, una cierta clase de “insurrección existencial”, que detecte y neutralice, en la medida de lo posible, las ramificaciones y las consecuencias de la relación Señor-esclavo. El imaginario religioso no tiene otro objeto que la adecuación de los grupos humanos a un sistema de esclavitud libremente aceptado.

La religión es política. Tan simple ecuación permite establecer el principio de que la lucha contra la religión también debería ser materia política. Y de que se abordaría tanto desde presupuestos teóricos como desde una multitud de plataformas de activismo práctico, en forma de pequeñas organizaciones dotadas de coherencia interior y con estrategias claras, que incidan en reivindicaciones, acciones y gestos capaces de romper la gramática cultural que sustenta a la religión y a sus derivaciones. La ironía, la burla o la sátira constituyen una excelente herramienta, dado que ponen al descubierto el carácter superfluo y parasitario del clero, dejando en evidencia la inanidad de su discurso ultraconservador.

La religión es engaño masivo, ficción mitológica inspiradora de servidumbres voluntarias. El clero de todo pelaje aspira a la restauración de un nuevo tipo de feudalismo ideológico, dominado por la censura y por el miedo. Se da así la paradoja de una sociedad-mercado caracterizada por la uniformización del consumo y de sus redes de distribución, ligada a una atmósfera de revival religioso, en la que cabe cualquier variedad de pensamiento mágico.

Plantear una exigencia de racionalidad atea en un contexto dominado por la restauración idealista puede parecer una tarea abocada al fracaso. No cabe otra opción, sin embargo, que la de alertar acerca de la fase histórica en la que nos encontramos, denunciando el presente proceso oscurantista y examinando cómo las corporaciones religiosas, en su empeño por conservar el control social, buscan y se aseguran una íntima conexión con el poder político y económico.

¿Damos quizá demasiada importancia al papel de las religiones y de sus corporaciones? Es una crítica que se nos dirige con cierta frecuencia. Pudiera pensarse que el proceso normal de la actual civilización de masas desembocará en un predominio de la ética y del pensamiento crítico, que los fantasmas de lo irracional irán perdiendo terreno ante los descubrimientos científicos y que la lucha por los derechos y libertades finalizará con éxito algún día. Pero quien así piense ignorará los fundamentos tanto de la religión como de la megamáquina social que es su producto. Fundamentos que adquieren singularidad a partir de la psicología de masas y de los medios y mecanismos de transmisión cultural.

El ateísmo contemporáneo no puede, entonces, limitarse a una introspección intelectual, ni aspirar a igualarse en derechos con los creyentes, ni obcecarse tampoco en una especie de laicismo republicano que, en ocasiones, aspire a suplantar el papel social de lo religioso, transformándose él mismo en religión civil. Entendido correctamente, el ateísmo no ha de reducirse a la formulación de argumentos ateológicos. Su propio carácter ético induce a adoptar una posición crítica no sólo ante la religión o las filosofías del espíritu, sino también, y principalmente, ante las elaboraciones jurídicas, institucionales y somáticas que predominan en las sociedades contemporáneas y que constituyen un reflejo de aquellas.

Nos referimos, especialmente, a la Familia, el Estado y la Propiedad. Tres construcciones metafísicas. Tres ideologemas en cuyo núcleo respira el espiritualismo y el dogma. El patriarcado, la interiorización somática de los prejuicios sexuales, el vasallaje ante diversos grupos de presión, el ejército, el sistema penal carcelario, la industria, la penalización de las drogas o la organización del trabajo asalariado conforman otras tantas figuras del orden burgués que, desde un planteamiento radicalmente ateo, deben ser objeto de crítica y denuncia, precisamente en tanto que manifiestan características intrínsecamente ligadas a una interpretación metafísica del mundo.

Ésta es, suponemos, la razón de estas Jornadas sobre librepensamiento. Denuncia y constatación. Pero también búsqueda de remedios y alternativas, de autonomía, de herramientas de lucha. El proyecto FIdA pretende ser un escenario de ideas, pero ante todo un mecanismo de ataque. De ataque a los fundamentalismos, pero también de ataque a quienes por debilidad o interés permiten su avance.

La solución pasa por un desmontaje teórico y por un “contrato” con lo real. Nuestra propuesta de acabar con los monoteísmos, de rechazar con igual pasión la Biblia, la Torah y el Corán -libros únicos que no toleran a otros libros-, es la propuesta de un ateísmo post-cristiano, contra los integrismos y a favor de las luces de la razón y de los saberes de la filosofía más inmanente. Es hora de dar la espalda a las ficciones y a las fábulas. Es hora de plantar cara al odio contra la inteligencia, las mujeres, los cuerpos, los deseos, la vida.

Volver a la carne. A la libertad de los cuerpos, a la salud racionalista, al hedonismo revolucionario, a la inmanencia como ejercicio político. Este es el programa: la autonomía del individuo y la igualdad social. Sin dioses. Sin amos.

Jóvenes paraguayos son los menos escolarizados y más religiosos

Lo leí en www.abc.com.py


Los jóvenes suramericanos son más escolarizados y menos religiosos que sus padres, pero comparten con los adultos posiciones en temas morales y éticos polémicos, señala un estudio hecho en seis países de la región. Los jóvenes de Paraguay destacan en este estudio por estar entre los menos escolarizados, con menos acceso a Internet y son más afines a la religión que sus pares de Sudamérica.

La investigación fue coordinada por el Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos (Ibase) y sus conclusiones, a las cuales tuvo acceso Efe hoy, serán divulgadas el próximo viernes en Río de Janeiro.

Para la elaboración del estudio fueron escuchados 7.000 jóvenes de entre 18 y 29 años y 7.000 adultos de entre 30 y 60 años de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, señaló el Ibase.

Ambas generaciones comparten posiciones en asuntos como la legalización del aborto y la marihuana o en considerar la corrupción como la mayor amenaza para la democracia, según el estudio.

Sin embargo, las mayores diferencias entre las dos generaciones están en el nivel escolar.

Mientras que el porcentaje de jóvenes que completó la educación secundaria en los seis países varía del 56% en Argentina al 41% en Paraguay, el de adultos fue prácticamente la mitad (desde el 34% en Argentina hasta el 12% en Paraguay).

Igualmente fue identificada una brecha generacional en la religiosidad, ya que los jóvenes que dijeron no profesar ninguna fe están entre el 49% en Uruguay y el 4% en Paraguay, mientras que en el grupo de mayores los que se declararon sin religión representan el 35 y el 2%, respectivamente en los mismos países.

También se registró una gran diferencia en el uso del internet. El porcentaje de jóvenes que acceden a la red varió entre el 61% en Chile y el 29% en Paraguay, en tanto que entre los mayores esa proporción fue del 26% en Argentina y el 6% en Paraguay.

En cuanto a las convergencias, ambas generaciones coinciden en señalar la violencia y la baja calidad de la educación como las mayores amenazas para el futuro.

La violencia apareció en primer lugar en Brasil (45% de los jóvenes y 46% de los adultos), Paraguay (45% de los dos grupos) y en Uruguay (42% y 39% respectivamente).

La baja calidad de la educación fue más señalada en Argentina (37,5% de los jóvenes y 47,5% de los adultos), Chile (45% y 44%) y Bolivia (36% y 40%).

Uruguay es el país en que más apoyo se registró a la legalización del aborto, opinión compartida por jóvenes (56%) y adultos (53%), en tanto que en Paraguay se registró el menor apoyo (jóvenes 15% y adultos 11%).

La legalización del consumo de la marihuana tiene más respaldo en Uruguay (45% de los jóvenes y 27,5% de los adultos), Chile (37% y 22% respectivamente) y Argentina (23% y 17%), que en Brasil (22% y 15,5%) , Bolivia (7% y 7%) y Paraguay (6% y 7%).

La pena de muerte tiene un amplio apoyo en Chile (56% de los jóvenes y 61% de los adultos) y en Argentina (45% y 48%) y el menor apoyo en Paraguay (30% y 32%).

Mientras que el 84% de los jóvenes uruguayos acepta que homosexuales sean profesores de menores de edad, entre los adultos ese porcentaje es del 71%.

En Brasil esa posibilidad es aceptada por el 80% de los jóvenes y 74% de los adultos, mientras que en Argentina la proporción es del 63% de los jóvenes y el 58% de los adultos, y en Chile, del 56% y el 44% respectivamente.

La corrupción es considerada la mayor amenaza a la democracia por el 64% de los jóvenes y 65% de los adultos en Argentina, por el 56% de los jóvenes y el 54% de los adultos en Brasil, y por el 49% de los dos grupos en Chile.

En cuanto al futuro, en todos los países, con la única excepción de Paraguay, la confianza en que la vida será mejor en unos diez años es mayor entre los jóvenes que entre los adultos.

Los más optimistas son los brasileños, donde el 83% de los jóvenes y el 79% de los adultos esperan tener una mejor vida en diez años, y los menos entusiastas son los argentinos (61% de los jóvenes y 56% de los adultos).

La religión católica ya tendría la cura para la Influenza A H1N1



Teniendo en cuenta el peligro de contagio de la Influenza A H1N1, la iglesia católica debería de recomendar a sus ovejitas que a parte de la higiene de las manos, el uso de barbijos, etc. también tomen las providencias de protección celestial. Por ejemplo, si van a ir a un supermercado donde se aglomera un mar de gente, con el peligro de contagio que conlleva, cada uno vaya cargando en brazos su correspondiente imagen de alguna virgen o santo de su predilección para que lo proteja de todo mal, tal como se ilustra.


Breve historia del Ka'a desde el 2727 de la era antigua hasta el presente



El próximo 8 de junio se estrena en los EEUU la quinta temporada de la serie Weeds por el canal pago Showtime y en el primer capítulo se podrá ver una breve historia sobre la marihuana a partir del año 2727 de la era antigua hasta el presente, con especial enfasis en la popularización de la misma en el siglo XX, luego de su prohibición.

Si Dios fuera una mujer


¿y si Dios fuera una mujer?
-Juan Gelman

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

Mario Benedetti

Hasta siempre Maestro!

Castidad y credibilidad.



Por Enrique Vargas Peña para La Nación Paraguay


La castidad es una exigencia que la Iglesia Católica impone a sus sacerdotes para darles la licencia de servicio. En algunas organizaciones clericales católicas la obligación que se exige es el celibato y no la castidad. El celibato, aclara el diccionario se reduce a no contraer matrimonio, la castidad es no tener relaciones sexuales. En cualquiera de los casos, para ser sacerdote, la Iglesia Católica exige una severa restricción de la vida sexual.
Los historiadores del cristianismo coinciden en que la exigencia de restringir la vida sexual al mínimo soportable se originó en las ideas que sobre la sexualidad tenía San Pablo de Tarso, apóstol de los gentiles, quien definió su ética sexual en la primera Epístola a los Corintios, capítulo 7.

La lectura de las epístolas de San Pablo, que recomiendo calurosamente, la citada a los corintios, la dirigida a los romanos, la que dedicó a Timoteo, muestra la aversión enfermiza que el apóstol sentía hacia el sexo, cosa que no se puede encontrar, por ejemplo, en San Pedro, la piedra sobre la que, según los evangelios canónicos, se edificó la Iglesia.

La ciencia, por su parte, muestra cada día que pasa que la sexualidad no solamente es parte de la naturaleza humana, sino que es parte necesaria y positiva, confirmando lo que indica el sentido común, incluso el sentido común religioso: No es lógico que Dios haya creado el sexo, y los órganos de placer sexual, como consecuencia de un error que debe corregir mediante la intermediación de la Iglesia.

Es evidente, pues, que la exigencia de la Iglesia de restringir la vida sexual de los sacerdotes para permitirles ejercer su ministerio es antinatural, carece de sentido, no tiene otro fundamento que las extrañas ideas de un hombre perturbado y no pueden ser la base legítima de ninguna ética civilizada. Ciertamente hay muchas razones por las que una persona puede aceptar una restricción tan antinatural para dar curso a su vocación de servicio religioso.

Nadie obliga a una persona normal a convertirse en sacerdote, pero la aceptación voluntaria de una obligación antinatural y, en realidad, perversa, jamás puede generar el mismo tipo de compromisos morales que las que se toman en conformidad con la condición humana.

Tal vez como testimonio de espíritu de sacrificio, se podría exponer la castidad de alguien como ejemplar, pero no como base de la constitución moral de la sociedad.

En lo personal me apresuro a declarar que no puedo creer que abandonar la sexualidad sea nada de lo que alguien deba presumir.

Dejar de ser ejemplo de sacrificio tiene un costo, por supuesto, pero no significa que quien renuncia a serlo, abrumado tal vez por el costo de matar la naturaleza, se convierta en bandido, en ladrón o en algo parecido al tipo de gente que desvalijó a la República y que hoy muestra impune su riqueza malhabida.

Es el caso de Fernando Lugo. Para decepción de algunos pocos hipócritas, dejó de ser ejemplo de sacrificio y prefirió una vida normal. Eso no lo convierte en bandido y menos aún después de haber optado por decir la verdad, cosa que podía no hacer.

“Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8:32)


“La verdad os hará libres… la mentira creyentes” (Pepe Rodríguez)

En el post anterior a éste, afirmaba que Lugo siendo un sacerdote es un cagón y que no se presentaría en público a asumir personalmente su responsabilidad, pero hoy tuve una grata sorpresa. Lo de Lugo es un ejemplo para muchos que ante los hechos siguen neciamente tratando de sostener una mentira, un engaño.
El reconocimiento (en vista de la presión pública) de su relación con la Viviana Carrillo y de su paternidad no lo convierte en un gran hombre, pero por lo menos se gana el respeto de quienes lo criticamos y no creímos en su valor para asumir públicamente los hechos.
Por otra parte, este caso es una muestra más para esa vieja, acartonada, enmohecida, rancia y antinatural Iglesia Católica que sigue manteniendo el voto de castidad para sus pastores (a más de esas ridículas vestimentas).

¿Qué pasará con las “ovejas” que van quedando sin pastores?

¿Lugo lo hace sin condón?... como lo manda Benito 16



En esta semana que termina («santa»según el calendario que tengo cerca) la noticia que causó conmoción en el país y llamó la atención de medios de prensa en toda la región (hasta la CNN le prestó atención) fue la que indica que Fernando Armindo Lugo Mendez, ex obispo de la I.C.A.R., hoy día Presidente del Paraguay, fue demandado por filiación en un juzgado de la sureña ciudad de Encarnación. La demandante es una señorita de 26 años llamada Viviana Rosalith Carrillo Cañete, quien alegó en su demanda que el señor Presidente es el padre de su hijo de dos años llamado Guillermo Armindo (al igual que el abuelo de Lugo). La misma afirmó además que la relación con el ex obispo data de cuando ella tenía 16 años; es decir, cuando la misma apenas era una niña y cuando Lugo ya era un conocido miembro de la iglesia católica (obispo de San Pedro) y se dedicaba a pontificar sobre la moral y las buenas costumbres, sobre los ricos y los pobres, sobre los honestos y sobre los deshonetos, etc.

Hasta la fecha de este post el señor Presidente Fernando Armindo no ha dado declaración pública y personal alguna al respecto, solamente unos colaboradores suyos dieron una “versión oficial” que desde luego no negaron ni reconocieron la existencia de la relación del mandatario con la señorita Viviana Carrillo, simplemente se limitaron a decir que todo se trataría de una campaña de desprestigio. A mi entender si Lugo tuviera un poco de hombría, si tuviera cojones no hubiera huido de la prensa, y al momento de conocerse la información hubiera llamado a conferencia de prensa dando a conocer su posición de forma clara, negando tener algo que ver en el asunto, o bien de otro modo si tiene responsabilidad en lo que se le acusa, valientemente, sin importar lo que se pensara de él hubiera dicho algo como: “Sí señoras y señores el pequeño Guillermo Armindo es mi hijo, y lo es porque como hombre he amado a esa mujer y como hombre hoy asumo las consecuencias”. Pero no, Lugo no va ha hacer eso, como sacerdote es un cagón. No va a hacer nada, sólo esperar a ver que sucede, que el tiempo lo arregle.

Por otra parte, y yendo a otro plano, podemos decir que, de ser cierta la relación con la señorita Viviana Carrillo, si el señor Presidente Lugo, en aquel entonces obispo de la iglesia católica, hubiera desoído a su iglesia y usado un condoncito hoy no hubiera tenido este “problema”; pero ya ven, al parecer Fernando Lugo sería uno de los pocos católicos que obedece las directrices de Benito 16.

Y por último, de ser cierto que Fernando Lugo cometió “el pecado de la carne” siendo cura, me alegra y mucho que no haya sido con un niño como es de preferencia general entre sus colegas, “santos varones”.

Una iglesia criminal


por Ignacio Solares para ELUNIVERSAL.com.mx

“Quizá, de los muchos crímenes que ha cometido la Iglesia católica a lo largo de su historia —y, claro, siempre a nombre de Cristo—, ninguno sea tan inhumano y haya provocado tanto sufrimiento como la campaña pontificia en el siglo XX en contra de la prevención de los embarazos”, escribe la teóloga alemana Uta Ranke.

La acusación habrá que extenderla al siglo XXI, ya que en días recientes la Iglesia católica ha dado nuevas pruebas de su capacidad criminal. En Brasil, el Vaticano excomulgó a la madre y a los médicos que provocaron el aborto a una niña de nueve años violada. En Camerún, el papa Benedicto XVI llegó alertando contra el preservativo, cuyo uso califica como pecado mortal. Sólo en Camerún hay medio millón de infectados y más de 300 mil niños huérfanos a causa del sida. En total, se calcula en África subsahariana 67% de los 33 millones de personas portadoras del síndrome de inmunodeficiencia adquirida en el mundo.

En esto, Benedicto XVI no hace sino continuar y extender la política contra los anticonceptivos desplegada por su antecesor. Baste recordar que en 1988, Juan Pablo II, a través de su portavoz Carlos Cafarra, director del Instituto Pontificio para Cuestiones Familiares, aclaró que, por ejemplo, “un hemofílico con sida no puede copular con su esposa en toda su vida, ni siquiera después del climaterio de ella, porque el condón es una forma de contracepción prohibida por Dios. Y si el hemofílico con sida no es capaz de guardar continencia perpetua, es mejor que infecte a su esposa en lugar de recurrir al condón”. Caso este en verdad ejemplificante, de clara toma de posición ante el tema y de tan manifiesta crueldad, que sería difícil encontrar un parangón en las obras del propio Marqués de Sade.

Habría que imaginar al pobre hemofílico con sida una noche, ardiendo aún de deseo por su mujer —que seguramente no se ha enterado de las enfermedades de su marido—, lanzando a un lado el condón e infectándola… en nombre de Dios.

Al mencionar esta (espeluznante) declaración de nuestra Santa Madre Iglesia, Uta Ranke agrega que “la campaña pontificia en contra de los anticonceptivos ha alcanzado un punto tal de dramatismo inhumano que, si no se tratara del propio Papa, su posición debería haberle creado problemas con las leyes penales”.

Quizá, si existen, también debería crearle problemas con las leyes divinas.

Por lo demás, es cierto, buena parte de nuestra población sigue aún dentro de las redes de esa inhumana política pontificia en contra de la prevención de los embarazos.

Los informes de la Secretaría de Salud en este sentido han sido reveladores. Sitios de nuestro país aún con un crecimiento demográfico de 7% anual en donde las campañas de planificación familiar son demolidas por la influencia y la actitud implacable de algún sacerdote local en contra de los anticonceptivos. Sermones dominicales en que se recrean con lujo de detalles las altas lenguas de fuego y el chirriar de dientes del infierno de los cogelones que usan anticonceptivos. No faltan quienes, con un poco de imaginación, se lo crean. Mujeres con nueve hijos, muy enfermas, que debían tener el décimo, aunque les costara la vida (a ella y al hijo, supongo), porque su esposo tenía terminantemente prohibido por el curita del lugar usar un condón.

Creemos que ya es hora de que la mujer se libere de esa Iglesia más preocupada por la vida aún no existente que por la vida ya existente, que ayer mandaba a los herejes a la hoguera y hoy excomulga a la madre de una niña violada de nueve años por provocarle un aborto, la Iglesia que dio su aval a los nazis y hoy rechaza a los homosexuales. Porque la teología católica ha sido hecha por varones solteros, para varones solteros que fundamentan esa teología en el repudio a la mujer y al placer sexual.

Baste recordar a San Agustín —el más grande padre de la Iglesia, y cuya influencia en cuestiones referentes a la pareja y al matrimonio ha sido reconocida por el propio Benedicto XVI— cuando afirma: “Estoy convencido de que nada altera más los altos anhelos espirituales de un hombre que los halagos femeninos” (Soliloquios, 1, 10).

O aún con mayor claridad, insiste San Agustín: “El marido ama a la mujer porque es su esposa, pero la odia porque es mujer” (Sobre el sermón de la montaña, 1, 41).

Uno lee y relee la frase de San Agustín una y otra vez, se talla los ojos, sale a dar una vuelta a la manzana, regresa, vuelve a leerla y sí, dice el más grande padre de la Iglesia católica que a la mujer hay que amarla porque es nuestra esposa, pero odiarla porque es mujer. ¿Y si no es nuestra esposa… queda entonces sólo el odio?

O ésta, de otra frase de Santo Tomás, que debería provocarnos risa si no fuera porque la Iglesia católica actual lo sigue creyendo y basando su doctrina en esa teología: “El marido tiene la parte más noble en el acto marital, y por eso es natural que él tenga que sonrojarse menos que su esposa cuando le exige el débito conyugal” (S. Th. Suppl., q. 64 a).

¿Se sonrojarán los obispos cuando leen una frase como la anterior? O como cuando dice también Santo Tomás que la mujer “debe estar sometida al marido como su amo y señor (gubernator), pues el varón tiene una inteligencia más perfecta y una virtud más robusta” (Summa contra gent, 111, 123).

Sí, ya es hora de que la mujer católica derrumbe ese imperio de una casta de (dizque) célibes que pretende dominar su cuerpo y su alma. Ya es hora de que la mujer católica reclame el derecho a decidir sobre su cuerpo y su actitud ante el amor y acto sexual, de que lo rescate de la esfera mirona de una policía clerical (morbosa) y de que no consienta por más tiempo tener que dar cuentas a clérigos incompetentes en asuntos que no son de su incumbencia y que muy poca relación guardan con la esencia del cristianismo.

Se entiende por qué, como en El gran inquisidor de Dostoyevski, si hoy regresara Jesús a la tierra, la primera en promover su crucifixión sería su propia Iglesia.

Ratzinger en bolas!


"TODOS SOMOS IGUALES 2007"
Acrílico sobre lienzo de Daniel Garbade.

Esta pintura es parte de una exposición de desnudos masculinos de personajes públicos como José Luis Zapatero, Kofi Annan, Pedro Almodovar, el Rey Juan Carlos I, entre otros, instalada en la Galería Quorum de Madrid, España. La muestra se titula Testigos de la Actualidad, del pintor suizo Daniel Garbade, pero el público madrileño quedó con las ganas de ver en bolas al gruñón del Vaticano, ya que la Embajada de Suiza (que patrocina la exposición) consideró imprudente que se colgara la pintura.